¿Existe la alergia a la picadura de mosquitos? ¿En qué consiste?

El mosquito es un parásito que se alimenta de sangre del ser humano y otros vertebrados. En realidad, solamente el mosquito hembra se alimenta de sangre, y necesita hacerlo para producir huevos.

Cuando el mosquito hembra pica la piel humana, clava su trompa (cuyo nombre técnico es probóscide) hasta alcanzar un vaso sanguíneo. Allí, inyecta su saliva, la cual contiene varias proteínas que impiden la coagulación de la sangre: si no fuera así, la sangre podría coagularse en el interior de su trompa, obstruyéndola.

Esas proteínas, al ser inyectadas en la piel humana, suelen producir una reacción inflamatoria, que se caracteriza por la aparición de una pequeña elevación de la piel con enrojecimiento (roncha), que puede resultar pruriginosa (aparece generalmente de una a 6 horas tras la picadura, y puede persistir 24 o 48 horas), y todo ello sin necesidad de que esté implicada una reacción alérgica.

Por ese mecanismo, los mosquitos pueden transmitir enfermedades infecciosas, algunas de ellas graves, como la malaria o el dengue. En nuestro entorno, la especie más frecuente es el llamado mosquito trompetero o mosquito común (Culex pipiens), que también puede transmitir enfermedades infecciosas. A pesar de ese riesgo, lo que con frecuencia nos resulta más molesto de ellos (en realidad, de ellas, como ya hemos dicho) es la reacción inflamatoria que sus picaduras producen.

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Es cierto que hay personas que parecen atraer a los mosquitos más que otras. Sabemos que hay diversos factores que influyen en que los mosquitos hembras se sientan atraídas, como el calor, la luz, el sudor, el olor corporal, el ácido láctico y el CO2. Además, después de la picadura, también existe una variabilidad importante en las reacciones inflamatorias que pueden aparecer: algunas personas apenas notan las consecuencias de las picaduras, mientras que otras experimentan síntomas muy molestos y/o más duraderos.

Por otra parte, en los últimos años se ha constatado la introducción en nuestro país de una variedad de mosquito que resulta más peligrosa: el llamado mosquito tigre (Aedes albopictus), que tiene mayor tamaño y se caracteriza por la presencia de una serie de rayas negras y blancas en su cuerpo; este mosquito es más agresivo, pica a cualquier hora del día o de la noche (el mosquito común tiene predilección por la noche), y su probóscide puede incluso atravesar ciertas prendas de ropa, por lo que puede incluso picar en zonas cubiertas. El mosquito tigre también puede transmitir el virus causante del chikungunya, una enfermedad febril que este año 2014 ha causado una epidemia en América.

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Ocurre, por otra parte, que las proteínas presentes en la saliva del mosquito, esas proteínas que inyecta en la sangre de su víctima, tienen carácter alergénico, es decir, pueden dar lugar a una alergia. La alergia a la picadura del mosquito suele manifestarse como reacciones locales muy intensas; tanto, que por su aspecto fácilmente pueden confundirse con una infección de la piel, la cual recibe el nombre de celulitis.

Para referirse a la alergia a la picadura de los mosquitos, por sensibilización a los polipéptidos (proteínas) presentes en su saliva, se ha propuesto el nombre de síndrome de skeeter (skeeter no es un nombre propio, sino un vocablo que se utiliza de manera informal en algunas zonas de norteamérica para referirse a los mosquitos). La manifestación más frecuente es la gran inflamación local que aparece como consecuencia de la picadura, en la que hay una intensa tumefacción de la zona, con elevación de temperatura, enrojecimiento, y dolor. Por medio de la inspección (observación) y palpación es imposible distinguir estas reacciones de las que se podrían producir en caso de infección de la piel (además, el rascado podría dar lugar a una infección sobreañadida, lo cual, lógicamente, complicaría la evolución). Puesto que, generalmente (y a diferencia del caso de los himenópteros, cuya picadura es dolorosa desde el instante en que se produce), el momento de la picadura del mosquito puede pasar desapercibida, pues además suele ser indolora (¡de otra forma, las hembras no podrían alimentarse de sangre!), no es fácil determinar el intervalo de tiempo exacto que puede ocurrir entre la picadura y la aparición de la reacción. Además, eso también contribuye a que la causa no siempre se identifique, y por eso no se sabe con certeza cuál es la prevalencia (es decir, la frecuencia en la población) de la alergia a mosquito, aunque no es frecuente.

Además de la inmunoglobulina IgE, implicada en las reacciones alérgicas que llamamos “de hipersensibilidad inmediata”, otra inmunoglobulina, la IgG (especialmente IgG4 e IgG1) parece desempeñar un papel importante en el desencadenamiento de estas reacciones. Se ha comprobado en laboratorio que los niveles de IgE y de IgG en sangre se correlacionan con la intensidad clínica de la reacción.

Aunque no puede descartarse la posibilidad de una anafilaxia, no es una manifestación frecuente: es más frecuente que la reacción consista en una intensa inflamación local que, a veces, puede incluso acompañarse de fiebre.

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