El tabaco y el asma

Este próximo fin de semana, concretamente el sábado 31 de mayo, se celebrará el Día Mundial Sin Tabaco 2014.

En esta ocasión, se trata de una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que quiere alertar a la población sobre el hecho de que la epidemia mundial del tabaquismo mata cada año a casi 6 millones de personas, de las cuales más de 600 000 son no fumadores que mueren por respirar humo ajeno.

De forma más concreta, la OMS y sus asociados hacen un llamamiento a todos los países para que insten a sus gobiernos a subir los impuestos que gravan el tabaco, convencidos, por los resultados de diversos estudios previos, de que esta medida repercutirá en una disminución del consumo: un aumento del 10% en el precio del tabaco causado por una subida de los impuestos disminuye el consumo de tabaco en un 4% en los países de ingresos altos y hasta en un 5% en los países de ingresos medios bajos.

Alguno de nuestros lectores puede preguntarse qué relación tiene el tabaco con la alergia, y por qué hemos decidido hoy dedicar nuestra entrada del blog a este tema.

La respuesta (no la única, pero sí la que queremos destacar hoy) es que los efectos nocivos del tabaco sobre el aparato respiratorio son más intensos y evidentes en las personas que ya padecen una enfermedad pulmonar previa: y en ese grupo están las personas asmáticas. Fumar es nocivo para la salud de cualquiera, pero muy especialmente para las personas que padecen asma bronquial.

El tabaco irrita las vías respiratorias. A largo plazo, hace que los bronquios se inflamen, se estrechen y se llenen de mucosidad espesa. Lo cual, obviamente, es lo último que necesita una persona que padece asma bronquial.

Y a corto plazo, además, el mero humo del tabaco puede actuar como irritante inespecífico para unos bronquios especialmente sensibles, por lo que fácilmente puede desencadenar una crisis de asma.

Se ha comprobado que los niños que conviven con padres fumadores tienen más probabilidades de padecer asma, y aquéllos que ya padecen asma tienen una serie de dificultades o complicaciones añadidas frente a los niños cuyos padres no fuman:

– Su asma es más difícil de controlar. Tienen crisis de asma más a menudo, y necesitan más tratamiento (más medicamentos, o dosis más altas) para conseguir el control.

– Tienen más probabilidades que los hijos de no fumadores de acudir a un servicio de urgencias por causa de una crisis asmática grave.

– Faltan más al colegio por causa de su asma.

Además, es un hecho comprobado que los hijos de padres fumadores tienen más probabilidad de ser fumadores cuando crezcan.

Si tienes asma, o eres padre o madre y tu hijo o hija tienen asma, deberías plantearte seriamente dejarlo; independientemente de que la OMS consiga o no, finalmente, su objetivo de que los gobiernos aumenten los impuestos sobre el tabaco.

Cenicero

 

 

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