El premio Ig Nobel de Medicina de 2015… y su relación con las alergias.

En contraposición a los premios Nobel, los llamados premios Ig Nobel son unos galardones que se conceden, también con periodicidad anual, para destacar trabajos sorprendentes, excéntricos o desconcertantes… y a los que frecentemente se les suele encontrar (aunque no fuera esa la intención de sus autores) alguna connotación (sutil, acaso) humorística. En palabras de los promotores de estos premios, son investigaciones “que hacen reir a la gente, y luego les hacen pensar”.

Organizados por la revista de humor científico Annals of Improbable Research (AIR), su nombre es un juego de palabras, a partir del vocablo inglés ignoble (innoble, en español). Si los premios Nobel destacan contribuciones relevantes para el progreso o el bienestar de la humanidad, los Ig Nobel destacan, precisamente, investigaciones que se caracterizan por su excepcionalidad, su imaginación (a veces, su irrelevancia o su falta de pragmatismo), y cuya principal contribución puede parecer no ir mucho más allá de provocar una sonrisa a sus lectores. En palabras, de nuevo, de sus organizadores, se trata de premios que buscan “celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo, y estimular de ese modo el interés de la gente por la ciencia”.

No hay, por tanto, nada deshonroso en recibir un premio Ig Nobel. No se trata de investigaciones metodológicamente incorrectas, pues son trabajos que se han publicado en revistas científicas (lo cual implica que han pasado determinados filtros), a veces de gran prestigio (cuyos filtros se suponen especialmente meticulosos). De hecho, estos premios suelen ser presentados por un grupo que incluye a personas galardonadas con auténticos premios Nobel, e incluso existe el caso de un físico, Andre Geim, que ha recibido el premio Ig Nobel de Física (en 2000, por hacer levitar una rana en un campo magnético) y unos años más tarde el premio Nobel de Física (en 2010, por el estudio del grafeno). Hay quien dice que lo más estimulante de estas ceremonias es constatar la capacidad de los científicos para reírse de sí mismos.

El pasado 17 de septiembre tuvo lugar la ceremonia de entrega de los premios Ig Nobel de este año (que constituye la 25ª edición, pues se entregaron por vez primera en 1991) en el Teatro Sanders de la Universidad de Harvard.

El premio de Medicina de este año ha sido compartido por diversos investigadores de nacionalidades diferentes que han llevado a cabo estudios experimentales de los beneficios biomédicos y de las consecuencias fisiológicas de besarse de forma intensa y apasionada (y de otras actividades sexuales).

Entre ellos está el japonés Hajime Kimata, que se ha centrado en los beneficios de tales prácticas sobre mecanismos o fenómenos relacionados con las enfermedades alérgicas. Sus trabajos “Kissing reduces allergic skin wheal responses and plasma neurotrophin levels” (“Besar reduce las respuestas alérgicas cutáneas y los niveles de neurotrofinas en plasma“, publicado en la revista Physiology & Behavior) y  “Kissing selectively decreases allergen-specific IgE production in atopic patients” (“Besar disminuye selectivamente la producción de IgE alérgeno-específica“, publicado en Journal of Psychosomatic Research) muestran que besarse reduce la reactividad de la piel frente a estímulos alérgicos, así como los niveles de neurotrofinas e inmunoglobulina E en el plasma sanguíneo. Para llegar a estas conclusiones, Kimata estudió a unos 150 japoneses (tanto sanos, como con rinitis alérgica o dermatitis atópica), a quienes realizó pruebas cutáneas de alergia antes y después de que besaran apasionadamente a sus cónyuges o parejas habituales.

Pero no queda ahí la cosa. En su trabajo “Reduction of allergic skin weal responses by sexual intercourse in allergic patients” (“Reducción de las respuestas alérgicas cutáneas por el coito en pacientes alérgicos”, publicado en Sexual and Relationship Therapy), el mismo Kimata concluye que las relaciones sexuales tienen un efecto beneficioso en las respuestas cutáneas a alérgenos (concretamente, a polen de cedro japonés y ácaros del polvo doméstico) en pacientes con alergia. Al igual que en el caso anterior, en esta ocasión Kimata realizó pruebas cutáneas de alergia a sus pacientes antes y después del coito.

No resulta fácil deducir una aplicación práctica inmediata de estos estudios. No podemos, tampoco, deducir nada más allá de lo que los hechos muestran recordemos que, en ciencia, las deducciones deben comprobarse antes de darse por válidas). Sin embargo, ahí está el conocimiento.

Aunque los premios Ig Nobel son, con frecuencia, una crítica más o menos velada (a veces, muy explícita) a la investigación trivial, la historia ha demostrado que las investigaciones triviales a veces conducen a descubrimientos importantes. Generalmente, los grandes descubrimientos no son un suceso casual (a veces, sí, y entonces hablamos de serendipia), sino un proceso, el resultado de la integración de conocimientos muy diversos y trabajo y dedicación pacientes. A veces, esos conocimientos proceden de fuentes peculiares.

Por ejemplo, el Premio Ig Nobel en el área de la Biología recayó en 2006 en un estudio (¡publicado nada menos que en la revista Lancet diez años antes!) que mostraba que el mosquito que transporta el parásito causante de la malaria se siente atraído por igual al olor del queso Limburger (un queso originario de Bélgica, hecho con leche pasteurizada de vaca, que tiene un olor fuerte) como al olor de los pies humanos. No parecía, tampoco, que eso tuviera una aplicación inmediata, y, sin embargo (recordemos que el olor corporal es uno de los reclamos que atraen a los mosquitos), en la actualidad este tipo de queso se coloca en lugares estratégicos para combatir la epidemia de malaria en diversas naciones de África.

El corpus de conocimientos científicos crece poco a poco, merced a la aportación de nuevas informaciones procedentes de las investigaciones de todo tipo que realizan los científicos. Y es evidente que resulta de trascendental importancia compartir los resultados de dichas investigaciones (de todas, incluso de aquéllas cuyos resultados resulten inesperados, incluso de aquéllas cuyos resultados vayan exactamente en contra de lo que esperábamos encontrar), independientemente de la aplicación práctica inmediata que dichos resultados puedan (parezcan) tener.

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La imagen muestra el póster de la 25ª edición de los premios Ig Nobel (2015), divulgado por la revista  Annals of Improbable Research desde su página web.

 

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