El alérgeno del mes: La calabaza

Halloween (contracción de All Hallows’ Even, ‘Víspera de Todos los Santos’), también conocido como Noche de brujas, es una fiesta que se celebra en la noche del 31 de octubre, sobre todo en países anglosajones, cuyas raíces están vinculadas, además de con alguna festividad celta, con la festividad cristiana del Día de Todos los Santos, celebrada por los católicos el 1 de noviembre.

Uno de los símbolos más conocidos de la festividad de Halloween es la imagen de una calabaza hueca en cuya superficie se han tallado los orificios necesarios para esculpir en ella un rostro grotesco o macabro: un símbolo que recibe el nombre de “jack o’lantern” cuando en el interior de la calabaza hueca y tallada se introduce una vela encendida para utilizarla como lámpara.

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Por eso, hemos decidido analizar hoy la calabaza como alérgeno del mes.

Las calabazas son miembros de la familia de las cucurbitáceas, la cual también incluye el calabacín, el pepino, el melón y la sandía. La calabaza es, concretamente, del género Cucurbita, originario de América, donde se distribuye en forma silvestre desde las zonas templado-frescas de los Estados Unidos a las de Argentina y Uruguay. Algunas de sus especies son ampliamente cultivadas por sus frutos, redondeados y comestibles, de los que se consume la pulpa y las semillas.

Los registros arqueológicos indican que en América se cultivaba ya hace más de 5.000 años, por lo que se trata de uno de los cultivos más antiguos. Tras el contacto de Europa con América, los frutos y las semillas de las variedades cultivadas fueron llevados a otros continentes, en los cuales son cultivadas desde hace siglos con buena adaptación a los climas más diversos.

Se ha descrito la alergia a la pulpa y a las semillas, las cuales, desecadas, se pueden consumir de forma independiente, como si fueran frutos secos (pipas de calabaza). Aunque existía la creencia de que las personas alérgicas a la pulpa lo serían también a las semillas de calabaza, una revisión firmada por Patel y Bahna publicada este mismo año en la revista Allergy, “Hypersensitivities to sesame and other common edible seeds” (“Hipersensibilidad al sésamo y otras semillas comestibles“), apunta exactamente a lo contrario, es decir, que la alergia a la pulpa y la alergia a las semillas podrían no estar asociadas.

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La vía de entrada, además de la digestiva, puede ser cutánea (pudiendo causar dermatitis o urticaria en personas sensibilizadas al tocar la pulpa o las semillas) o incluso respiratoria (por inhalación de los vapores de cocción de la pulpa).

Puede existir reacción cruzada con otros miembros de la familia de las Cucurbitáceas: es decir, una persona alérgica a la calabaza podría serlo también al calabacín, pepino, melón o sandía. En alguno de estos casos se ha descrito también sensibilización cruzada con el polen de la ambrosía, en un ejemplo de lo que llamamos síndrome polen-alimentos vegetales.

Aunque todavía no se han caracterizado satisfactoriamente los alérgenos de este vegetal que dan lugar a alergia, y ni siquiera sabemos si son los mismos los que están presentes en la pulpa y en las semillas (aunque, por los datos referidos más arriba, cabe asumir que, al menos los principales, son diferentes), sabemos que uno de los alérgenos proteicos identificados en la pulpa de calabaza es la profilina; cuando la alergia alimentaria se produce por sensibilización a esta molécula, los síntomas se suelen limitar a la cavidad oral y sus inmediaciones, produciendo síndrome de alergia oral, debido a que se trata de moléculas sensibles al pH ácido del estómago y a algunas enzimas digestivas.

En otras ocasiones, por el contrario, el cuadro puede evolucionar a una anafilaxia: según la misma revisión de Patel y Bahna a la que nos referíamos antes, de cinco casos publicados con reacciones alérgicas tras comer semillas de calabaza, cuatro de ellos se habían presentado como anafilaxia.

En la actualidad, el único tratamiento posible para evitar una reacción a la calabaza por parte de personas alérgicas es evitar cualquier alimento que la contenga. La calabaza no es uno de los 14 alérgenos que contempla la regulación especial que establece el Reglamento (UE) nº 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo, por lo que las personas alérgicas deben estar muy atentas a la composición de los alimentos procesados enlatados y envasados, así como a la de los alimentos no envasados que se sirven en los establecimientos de hostelería. También deben tener presente que existen mezclas comerciales para hornear que contienen polvo de semilla de calabaza o extractos. Y es aconsejable evitar el contacto de la piel con las calabazas y sus semillas.

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