¿De qué hablamos cuando hablamos de alergia… “aguda”?

Durante los periodos de celebraciones, cuando son más frecuentes las comidas fuera de casa, ya sea en establecimientos hosteleros (cenas de empresa, reuniones de amigos, …) o en domicilios diferentes del propio (comidas o cenas familiares, …), aumenta la probabilidad de que se presenten reacciones por alergia alimentaria. La Navidad es, probablemente, el ejemplo más típico, pues concurren en ella una serie de circunstancias que pueden favorecer este fenómeno, y a las que ya dedicamos una entrada en diciembre de 2014: “¿Aumentan las alergias alimentarias en Navidad?“.

Ante la proximidad de esas fechas, la prensa también suele hacerse eco de este riesgo. En los últimos días ya hemos tenido ocasión de encontrar algunas referencias (valga ésta como ejemplo:  “En la navidad se incrementan los casos de alergia a marisco y frutos secos“).

Debido al enfoque que se le suele dar en esos artículos, y al cual ya prestamos atención en nuestra entrada antes referida, nos ha parecido interesante retomar el asunto para destacar que, puesto que la alergia alimentaria es (como cualquier alergia) una enfermedad crónica, no hay un aumento de las alergias alimentarias en Navidad (no aumenta su prevalencia, es decir, la proporción de personas con alergia alimentaria respecto al conjunto de la población general). Sí existen, no obstante, una serie de circunstancias en Navidad que pueden favorecer la aparición de reacciones alérgicas en personas que han conseguido mantenerse libres de síntomas durante el resto del año.

Como ya abordamos el mes pasado, la alergia ES una enfermedad crónica: cuando a una persona se le diagnostica la sensibilización frente a algún alérgeno que produce consecuencias clínicas (recordemos que ese es el concepto de alergia), esa condición persistirá durante muchos meses o años. No necesariamente durante toda la vida (a veces, sí), pero sí durante el tiempo suficiente como para considerarla crónica. El enfermo puede conseguir mantenerse libre de síntomas con tratamiento farmacológico o evitando el contacto con el alérgeno, pero la sensibilización persistirá, de tal forma que el hecho de mantenerse sin síntomas no quiere decir que esa persona haya dejado de ser alérgica: un posible contacto posterior con el alérgeno puede desencadenar la reacción.

¿A qué nos referimos, entonces (a qué se refiere la prensa), cuando decimos que en Navidad aumentan las alergias alimentarias?: Precisamente a esas reacciones que pueden desencadenarse por contacto con el alérgeno, pues circunstancias como acudir en calidad de invitados a casa ajenas, donde otras personas (no siempre con conocimiento de las implicaciones de la alergia de su comensal, o no necesariamente con la motivación precisa para asegurarse de evitar contaminaciones cruzadas) han preparado la comida, o comer en restaurantes, o descuidar la vigilancia necesaria en el contexto de lo inusual de la situación, aumentan el riesgo de contacto involuntario con el alérgeno peligroso, y, por tanto, de reacción alérgica. Y, si la reacción se presenta, ésta sí, cursará de forma aguda … tan aguda que, a veces, puede representar una situación de riesgo vital que obliga a actuar de inmediato para evitar un desenlace fatal.

Las alergias, entonces, son enfermedades crónicas, prolongadas en el tiempo, y no tienen por qué aumentar en Navidad. Las reacciones adversas que padecen las personas alérgicas cuando entran en contacto con el alérgeno problema, esas sí, son reacciones agudas, y pueden ser más frecuentes en Navidad, por los factores descritos.

Intentemos, por ello, no bajar la guardia.

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