¿De qué hablamos cuando hablamos de “alergia”… a la lactosa?

Hace ahora casi tres años, dedicamos una de nuestras primeras entradas a destacar las diferencias entre los conceptos de alergia, intolerancia, toxicidad y aversión.

Allí afirmábamos que la Alergia es una respuesta exagerada del organismo, en la cual están implicados mecanismos inmunológicos, frente a sustancias que para la generalidad de las personas no resultan nocivas ni representan ningún peligro.

Afirmábamos, también, que, con carácter general, suele emplearse el término Intolerancia alimentaria para referirnos a aquellas situaciones en las que un alimento produce reacciones adversas en una persona por causa de circunstancias especiales de esa persona (una predisposición especial) pero sin implicación de la IgE. En ese concepto pueden englobarse situaciones en las que la reacción se debe al sistema inmunológico (la celiaquía es un ejemplo claro de ésto) y situaciones en las que no: en estos últimos casos, es frecuente que haya algún defecto metabólico, el déficit de alguna enzima que resulta necesaria para el procesamiento normal de los alimentos y cuya ausencia condiciona la aparición de síntomas.

Concretamente, destacábamos que un ejemplo claro y frecuente de intolerancia alimentaria de causa no inmunológica es la intolerancia a la lactosa, que se debe a la falta de la enzima (lactasa) responsable de su metabolización.

La lactosa es un azúcar de la leche, un disacárido formado por la unión de una molécula de glucosa y otra de galactosa. A la lactosa se le llama también azúcar de la leche, pues está presente en la leche de todos los mamíferos, en mayor o menor proporción.

Para la correcta digestión y absorción de la lactosa es necesaria la enzima lactasa, presente en el tubo digestivo. Cuando el organismo no es capaz de asimilar correctamente la lactosa por falta de esa enzima, y en función de la cantidad consumida, pueden aparecer diversos síntomas de intolerancia (intolerancia a la lactosa), generalmente limitados al aparato digestivo (meteorismo, distensión abdominal, molestias digestivas, diarrea, vómitos, …).

La alergia a la lactosa (es decir, una reacción inmunológica mediada por IgE frente a la lactosa) no existe (o, al menos, no ha sido descrita aún). Cuando en algún ámbito se habla de “alergia a la lactosa”, generalmente se están refiriendo, de un modo impreciso, a la intolerancia a la lactosa, una situación motiva por un déficit metabólico de la enzima lactasa sin implicación ninguna del sistema inmunológico.

Beta-D-Lactose.svg

Fórmula de la lactosa.

 

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