Contaminación biótica en el aire de nuestras ciudades: La vida que respiramos

Si ayer hablábamos de la fauna presente en nuestros domicilios, hoy queremos hablar de la vida presente en el aire que respiramos: la llamada contaminación biótica, y, más concretamente, la contaminación biótica en el aire de nuestras ciudades.

Como consta en su entrada correspondiente en la Alergopedia, la expresión contaminación biótica del aire hace referencia al conjunto de sustancias de origen biológico que están presentes en el aire atmosférico y pueden constituir un riesgo para la salud de las personas o de los animales. Con carácter general, en ese concepto se incluyen microorganismos (gérmenes como virus, bacterias, hongos, protozoos, …) que pueden producir enfermedades infecciosas. Pero también se incluyen estructuras procedentes de animales o vegetales o de sus productos: pelos o pequeñas escamas de piel, fragmentos diminutos del cuerpo de los insectos u otros artrópodos, o de sus heces, o, por supuesto, el polen de determinadas plantas. Cualquiera de estos últimos puede comportarse como alérgeno y desencadenar una respuesta alérgica en las personas sensibles que, sin saberlo, se exponen a inhalarlos; aún cuando resulten inocuos para la generalidad de la población. Como referíamos allí, tal vez por este útlimo motivo, la medición de la contaminación biótica ha preocupado menos, habitualmente, a los poderes públicos y otras instituciones que la medición de los contaminantes físico-químicos (gases y partículas inorgánicas, como óxido de nitrógeno, de azufre, CO2, etc.), y los métodos para su detección y cuantificación están menos desarrollados.

Existe ahora, no obstante, un proyecto en marcha para medir de forma integral la contaminación biológica del aire urbano en la Comunidad de Madrid. Recibe el nombre de AIRBIOTA, y está coordinado por Diego Alejandro Moreno Gómez, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid.

El equipo investigador emplea un captador de su invención (un dispositivo portátil y autónomo, con la patente en trámite, que se puede incorporar a vehículos móviles como trenes, autobuses, aviones, …) y basan su estudio en técnicas de extracción y multiplicación del ADN de los microorganismos (o sus fragmentos) presentes en la atmósfera: virus, hongos o sus esporas, pólenes, bacterias, …

Previamente, los métodos de estudio de esta biodiversidad se han basado en la observación microscópica directa o en cultivos en laboratorio. Ello tiene una importante limitación, ya que sólo una parte muy reducida de las partículas biológicas presentes en el aire crece en cultivos. Sin embargo, con las técnicas de extracción masiva de ADN (técnicas que implican su multiplicación y cuantificación, y que cada vez son más asequibles por su progresivo abaratamiento), los investigadores esperan poder muestrear todas las partículas vivas presentes en el aire.

Con este estudio, en marcha desde hace un año y medio, es la primera vez que se va a medir y estudiar la contaminación biológica urbana de forma integral: en diferentes épocas del año, a diferentes alturas de la atmósfera y en diferentes zonas de la Comunidad de Madrid.

Con el mejor conocimiento de la contaminación biótica de nuestras ciudades se pretende no sólo mejorar en su prevención, sino construir modelos de contaminación biológica que, a diferencia de lo que ocurre con la contaminación físico-química, hoy todavía no existen.

De hecho, “Conocer y modelizar la contaminación biológica del aire urbano” es el objetivo que, a modo de lema, se plantea en la página web del proyecto. Si quieres acceder a la página web de AIRBIOTA, en la que encontrarás mucha más información sobre el trabajo que están haciendo, pulsa sobre la imagen del prototipo del captador de partículas que ellos han inventado, montado en el ala de una avioneta:

Airbiotaavioneta

 

 

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