Colirios y lentillas: pueden llevarse bien.

Un colirio es un medicamento presentado en forma de suspensión o disolución (líquida, por tanto) destinada a ser administrada de forma tópica en el ojo (administración tópica es la aplicación del fármaco localmente en una zona concreta, para que haga su efecto directamente en el órgano en el que es administrado). La Real Academia Nacional de Medicina, en su Diccionario de Términos Médicos, define colirio como “medicación tópica para el tratamiento de procesos oculares, diluida en un vehículo acuoso” (aunque hemos de matizar que el vehículo también puede ser oleoso, y no por ello deja de ser colirio), y lo considera sinónimo de la expresión “gotas oftálmicas” (en inglés, eye-drops), aunque avisa que es incorrecto utilizar el término en referencia a gotas óticas (para administrar en el oído) u otras medicaciones tópicas en gotas. Colirio es, por tanto, un medicamento destinado a ser administrado en el ojo en forma de gotas: generalmente, se dejan caer entre el párpado y el globo ocular (en el llamado saco conjuntival), y el parpadeo hace que se distribuyan de forma homogénea por la superficie anterior del ojo.
El término colirio hace referencia, entonces, a la forma galénica o forma farmacéutica (esto es, a la forma en que un medicamento es presentado para ser administrado en el organismo), pero no tiene nada que ver con el efecto del medicamento que incluye. Hay, por tanto, colirios con efectos muy diversos: hay colirios antibióticos (para tratar las conjuntivitis bacterianas), antihistamínicos (para tratar procesos alérgicos), lágrimas artificiales (para aliviar o disminuir las consecuencias de ojos patológicamente secos), etc.
Entre los más utilizados están también los colirios antiinflamatorios (que buscan el alivio sintomático de la inflamación o irritación ocular), a los que probablemente se refiere Alberto Montt en este chiste que data del 9 de septiembre de este año, en el que presenta a “El Ojo que Todo lo Ve”, introducido por Tolkien en su obra El Señor de los Anillos, y juega con el silogismo que permite suponer que si un ojo irritado causa molestias, un ojo gigantesco, cuando está irritado, ha de causar molestias gigantescas:
Colirio
Pero, ¿qué pasa si tu alergólogo te recomienda un colirio antihistamínico o antiinflamatorio (o de cualquier otro tipo) y tú usas lentillas?
Con carácter general, no son incompatibles. Ocurre, no obstante, que hay que tomar algunas precauciones.
En primer lugar, es preferible evitar las lentes de contacto de hidrogel (lentillas blandas), pues estas lentillas pueden absorber el medicamento e ir liberándolo poco a poco, lo cual puede dar lugar a reacciones tóxicas si por ese motivo la dosis efectiva finalmente administrada es mayor de la prevista.
Por otra parte, hay colirios que contienen sustancias que pueden colorear las lentillas, como el cloruro de benzalconio: muchos colirios incluyen este compuesto formando parte de los excipientes, y eso puede dar problemas con las lentillas.
En cualquier caso, suele recomendarse que el colirio se administre siempre sin las lentillas puestas, y esperar 15-30 minutos después de la administración antes de ponérselas.
El Colegio Oficial de Farmacéuticos de Lugo ofrece en su página web un detallado cuadro en el que señala cuáles colirios pueden ser compatibles con las lentes de contacto y cuáles, por el contrario, se desaconsejan (entre estos últimos, están los que llevan cloruro de benzalconio y aquellos otros en los que el propio fabricante recomienda no utilizarlo con lentillas, aunque no especifique el motivo):
Independientemente de lo cual, lo ideal es referir a tu alergólogo que usas lentillas, pues no solamente podrá orientarte sobre la compatibilidad del colirio prescrito y el empleo de aquéllas, sino que es posible que es posible que tenga que estar más atento a posibles efectos como una sequedad excesiva o una posible irritación de la córnea.
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