Alergias alimentarias y cruceros

A diferencia de los viajes en avión, generalmente más cortos, los cruceros de placer suelen implicar travesías de varios días de duración, durante los cuales los pasajeros deben pernoctar y comer, de forma habitual, a bordo de la nave.

Conscientes de las necesidades especiales de las personas alérgicas o intolerantes, las compañías navieras, no dispuestas a renunciar a esas personas como posibles clientes, suelen ser sensibles a los requisitos necesarios para que la alergia o intolerancia no represente un obstáculo insalvable a la hora de disfrutar del viaje.

Es importante, no obstante, comunicar la circunstancia lo antes posible. Lo ideal es dejar constancia de la alergia o alergias que se padecen en el mismo momento de contratar el viaje. Si se hace a través de una agencia, ellos tomarán nota de las necesidades especiales y la comunicarán al departamento de reservas de la compañía que organiza el crucero. Es importante que dicha comunicación se haga por escrito: sólo así quedará constancia de la solicitud,  algo que posteriormente agradeceremos si nos viésemos obligados a reclamar por algún incumplimiento. Comunicarlo en la misma agencia de viajes es también la forma de asegurarnos de que si existiera, de forma excepcional, algún inconveniente para adaptar la dieta a nuestras necesidades, puedan avisarnos desde ese momento y evitarnos, así, expectativas irreales que más tarde puedan verse frustradas.

Con carácter general, las compañías que organizan cruceros ofrecen en sus páginas web información precisa sobre el modo de proceder para dejarles constancia de nuestras necesidades especiales, si es que existen. Suelen proporcionar instrucciones claras, y con frecuencia un número de teléfono donde poder comunicarlo. No está de más confirmar, mediante ese teléfono, que tienen la información y se están adoptando las medidas pertinentes para que nuestras necesidades queden cubiertas una vez a bordo.

Al embarcar, en la recepción, debemos identificarnos y recordar al personal del barco las necesidades especiales de nuestra dieta. Y la primera vez que accedamos al comedor, para el primer almuerzo o la primera cena, debemos buscar al maitre para asegurarnos de que no sólo está al corriente de la presencia de un alérgico o intolerante a bordo, sino que nos identifica como tales. No hay que tener miedo a ser pesado, pues no debemos quedarnos con incertidumbre a este respecto (nos jugamos mucho), pero siempre hay que tener presente que la insistencia no está reñida con la amabilidad.

Los cruceros turísticos llevan a bordo personal médico, preparados para atender cualquier eventualidad. Si tenemos oportunidad, no está de más permitirles conocer nuestra condición de alérgicos. Aún cuando sea muy improbable que tengan que atendernos.

Si quienes padecen la alergia o intolerancia alimentaria son niños, puede ser buena idea llevar con nosotros algunas golosinas que sean bien toleradas, y además apreciadas: sólo como precaución, por si acaso la dieta prevista para ellos es demasiado austera o sobria. En tal caso, seguro que agradecen alguna sorpresa extra ocasional. ¡Aunque eso también vale para los adultos, por supuesto!

Y, finalmente, como siempre, en caso de alergia alimentaria debemos recordar llevar con nosotros el dispositivo precargado de adrenalina para autoadministración si fuera necesaria. Y no nos referimos a llevarlo en la maleta, sino en el comedor cada vez que nos sentemos a la mesa (la distancia desde el comedor a la maleta podría resultar excesiva en caso de emergencia). Y ojalá que, finalizado el viaje, vuelva intacto. Siendo todos conscientes de la situación, las probabilidades de que tengamos que usarlo son muy escasas, pero, especialmente en ésto, nunca se pasa uno de prudente.

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