¿A qué nos referimos cuando hablamos de rendimiento de una prueba médica?

Esta semana se está celebrando en Sevilla el Congreso anual de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), cuyo tema estrella, en esta ocasión,  integrado en el Simposio Internacional titulado “Vía respiratoria única: Enfermedad Respiratoria alérgica”, es la implicación global de las vías respiratorias en las reacciones alérgicas (condicionando enfermedades como rinitis y asma en la misma persona).

Ayer, sin embargo, se dedicó atención expresa al análisis en profundidad de la urticaria crónica en el otro Simposio del Congreso, centrado en esta enfermedad (Simposio Internacional de Urticaria Crónica).

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De la urticaria crónica se analizó lo referente a su origen, sus mecanismos de producción, los procedimientos para su diagnóstico y los más recientes avances y perspectivas para su tratamiento.

Respecto al diagnóstico, se ha debatido cuáles son las pruebas que deben realizarse ante una sospecha clínica de urticaria, y se ha destacado que a veces se realizan, en estos cuadros, pruebas complementarias que no aportan informacion relevante.

Una de esas pruebas, en el caso de la urticaria crónica, es la biopsia cutánea.

La biopsia es una técnica diagnóstica consistente en la extracción de un fragmento de tejido biológico (si hablamos de biopsia cutánea, ese tejido es la piel) para su análisis detallado al microscopio (buscando alteraciones que permitan concretar cuál es la enfermedad presente, o para evaluar la gravedad de la misma  y aventurar un pronóstico, o vigilar su evolución y detectar nuevos brotes, o para constatar la respuesta a un tratamiento).

En las urticarias crónicas, la biopsia cutánea no suele aportar información relevante. Tan sólo en torno a un 1 o 2 % de los casos podría encontrarse algún hallazgo que justificara un cambio de conducta (pedir otras pruebas, modificar el tratamiento, …) por parte del médico responsable de la asistencia.

El llamado “rendimiento diagnóstico” de una prueba se calcula dividiendo el número de resultados positivos (en el ejemplo que nos ocupa, el número de casos en los que la prueba aporta información relevante que propicie un cambio de actitud por parte del médico) entre el número global de peticiones de esa prueba.

Decimos, por ello, que la biopsia cutánea tiene muy bajo rendimiento en esa enfermedad, y (puesto que se trata de una prueba cruenta, pues es necesario extraer un trozo de piel) se desaconseja utilizarla como prueba de rutina. Tan sólo cuando la forma de presentación o de evolución hace sospechar que se trata de otra enfermedad en lugar de (o además de) una urticaria crónica, la biopsia cutánea podría tener un rendimiento mayor.

Lo cual implica que esta prueba tiene todo su sentido cuando se busca descartar otras alternativas diferentes de la urticaria crónica: si esas alternativas no han podido descartarse de otro modo, y tienen un tratamiento o consecuencias diferentes, un resultado negativo de la prueba también es útil.

De lo que puede deducirse que la utilidad de una prueba no depende exclusivamente de su rendimiento.

 

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