Archivo por meses: julio 2016

¿Cuántas personas podrían padecer celiaquía sin saberlo?

En Europa, se estima que un 1 % de la población puede padecer celiaquía, aunque se asume que muchas de las personas que la padecen no están diagnosticadas. Un estudio piloto llevado a cabo en farmacias del Reino Unido demostró que, en efecto, esta última afirmación probablemente sea cierta.

El estudio (“Early Detection of Coeliac Disease Using Community Pharmacy“, es decir, Detección precoz de enfermedad celíaca desde la farmacia comunitaria), promovido por la organización Coeliac UK, partía de la hipótesis de que en el Reino Unido sólo un 24 % de los celíacos cuenta realmente con un diagnóstico: eso significa que podría haber, allí, unas 500.000 personas sin diagnosticar.

Se implicaron 16 farmacias comunitarias de Inglaterra, desde las cuales se propuso realizar pruebas de cribado de celiaquía a personas que acudían para comprar medicamentos prescritos para tratar un síndrome de intestino irritable o una anemia (circunstancias que se eligieron precisamente por su relación con la celiaquía: a veces, una celiaquía no tratada puede producir síntomas equiparables a los del síndrome de intestino irritable, o también puede condicionar, a largo plazo, una anemia). Por supuesto, otro de los requisitos era no haber sido diagnosticado previamente de celiaquía.

En total se estudiaron 554 personas entre los meses de abril y octubre de 2015, y, de ellas, el 9,4 % tuvieron resultados compatibles con la presencia de enfermedad celíaca. Puede parecer una cifra muy elevada, teniendo en cuenta que se trata de una enfermedad cuya prevalencia en la población general se estima en torno al 1 %, pero no podemos olvidar que los pacientes seleccionados para la prueba eran personas que precisaban medicamentos para trastornos que pueden relacionarse con la celiaquía. En este grupo de población cabe pensar, lógicamente, que la prevalencia puede ser mayor.

Es importante, para una correcta valoración de este trabajo, destacar algunos aspectos del mismo. En primer lugar, la prueba que se llevó a cabo es una prueba de cribado o de screening, que no ofrece un diagnóstico de certeza, sino tan sólo una sospecha: todavía hoy, el diagnóstico de certeza implica, en la mayor parte de los casos, la realización de biopsias intestinales, y esa no es una prueba que pueda hacerse en una oficina de farmacia. Por tanto, no se diagnosticaba la enfermedad, sino que tan sólo se constataba una sospecha razonable de la misma, y a partir de ella se comunicaba la información al cliente para que la proporcionara, si estaba de acuerdo, a su médico de atención primaria. Para saber qué porcentaje realmente eran celíacos, sería necesario hacer un seguimiento posterior de esas personas, para conocer el resultado de los estudios previsiblemente puestos en marcha por los respectivos facultativos. No nos consta que ese seguimiento se hiciera, pero es que, en cualquier caso, no era ese el objetivo del estudio: tan sólo constatar que, probablemente, un número importante de personas pueden estar padeciendo celiaquía sin saberlo.

La infografía con que ilustramos esta entrada se refiere, precisamente, a eso, y refleja en cifras esa realidad. Está en inglés, pero lo que dice es lo siguiente:

  • 1 de cada 100 personas en el Reino Unido padece enfermedad celíaca.
  • El riesgo aumenta a 1 de cada 10 si tienes un pariente de primer grado afecto.
  • Proporción Mujeres/Hombres: 2/1.
  • Sólo 24 % de personas con celiaquía tienen diagnóstico médico.
  • Esto significa que hay medio millón de personas sin diagnosticar en el Reino Unido.
  • Se tarda en torno a 13 años en llegar al diagnóstico tras el inicio de los síntomas.

Infocelíacos

 

Recomendaciones generales para personas con asma en verano

La Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica (Neumomadrid) ha elaborado y difundido una serie de recomendaciones para que las personas con problemas respiratorios disfruten este verano minimizando el riesgo de descompensación. Estas recomendaciones resultan de plena aplicación para las personas que padecen asma, la cual es una de las enfermedades respiratorias crónicas más prevalentes.

Comienzan recomendando evitar, en lo posible, las temperaturas extremas. Aconsejan evitar ambientes donde el aparato de aire acondicionado esté programado para conseguir temperaturas muy bajas (como 18ºC), y recomiendan también evitar cambios bruscos de temperatura (salir de golpe de establecimientos en cuyo interior se ha conseguido artificialmente un ambiente frío a la calle donde el calor es agobiante, o a la inversa).

Estos consejos son razonables, ya que sabemos que esos factores pueden facilitar la inflamación de la mucosa y la aparición de infecciones respiratorias. El frío, por ejemplo, disminuye la movilidad de los cilios, pequeñas vellosidades que recubren la mucosa nasal y que, en condiciones normales, contribuyen por medios mecánicos a expulsar los gérmenes. Además, el aire frío, por sí mismo, puede comportarse como un factor irritante para las vías aéreas de las personas con asma, produciendo una reacción bronquial que se manifieste con tos intensa y/o sensación de ahogo. El aire seco, por otra parte (y el aire acondicionado reseca el aireque respiramos), puede resultar también perjudicial para quienes padecen enfermedades pulmonares.

Si viajas a la montaña, los especialistas nos recuerdan que el oxígeno en el ambiente disminuye a medida que ascendemos alejándonos del nivel del mar, y eso puede notarse especialmente en niveles por encima de 3000 metros. Altitudes excesivas pueden condicionar problemas si la enfermedad respiratoria no está completamente compensada.

Utiliza preferiblemente ropa ligera, holgada y transpirable, para que el sudor no se acumule sobre la piel (por los problemas de termorregulación que eso puede acarrear), y, para hacer ejercicio, elige las horas de menos calor, como es a primera hora de la mañana o al atardecer.

Otro consejo especialmente destacable es no olvidar el tratamiento si nos desplazamos fuera de casa, y, por supuesto, no descuidar ni relajar la pauta de tratamiento prescrita durante el verano, pues ello puede hacer que, al volver a la rutina, el asma se descompense: éste es un fenómeno tan habitual que recibe el nombre de “pico de asma de septiembre”, y ya le dedicamos una entrada en el pasado.

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