Archivo por meses: noviembre 2014

Sobre la EFSA (Autoridad Europea sobre Seguridad Alimentaria) y su reciente aportación en materia de alérgenos.

La Autoridad Europea sobre Seguridad Alimentaria (conocida por las siglas EFSA, pues su nombre en inglés es European Food Safety Authority) se autodefine como la piedra angular de la Unión Europea (UE) en la evaluación de riesgos en relación con los alimentos y la seguridad alimentaria. En estrecha colaboración con las autoridades de los Estados miembros de la Unión y en consulta abierta con los grupos de interés de los diversos países, la EFSA proporciona asesoramiento científico independiente e información clara sobre los riesgos existentes y emergentes relacionados con la alimentación.

Aunque se financia por los presupuestos de la Unión Europea, se trata de una agencia independiente (como organismo asesor científico, no tendría ningún sentido que fuera de otra forma) que funciona sin dependencia jerárquica de la Comisión Europea, el Parlamento Europeo o los gobiernos de los Estados miembros de la UE.

Se creó en enero de 2002 tras una serie de crisis alimentarias en la década anterior, y su función consiste en analizar todas las circunstancias relacionadas con la cadena alimentaria para elaborar dictámenes y asesoramiento científico que proporcione una para las políticas y la legislación europea, que sirva de apoyo a las autoridades de la UE o de los Estados miembros en la toma de decisiones oportunas y eficaces de gestión de riesgos. Lógicamente, sus recomendaciones (como tales) no son vinculantes, pero las actuaciones que propugnan pueden ser vinculantes si las autoridades públicas las incorporan a la normativa de obligado cumplimiento.

Si quieres visitar su página web (en inglés), puedes pulsar sobre su logotipo:

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Recientemente (se ha publicado el pasado miércoles 26 de noviembre), ha emitido un extenso informe científico, solicitado por la Autoridad sobre Seguridad Alimentaria de Irlanda,  sobre la evaluación de los alimentos alergénicos y los ingredientes alimentarios con propósito de etiquetado.

Se trata de un extenso documento (tiene 286 páginas en su versión original en inglés) que analiza aspectos referidos a la alergia IgE-mediada y no IgE-mediada, a la enfermedad celíaca y a las reacciones adversas a los sulfitos presentes en los alimentos, pero que no se ocupa de otras reacciones adversas de tipo no inmunológico. De hecho, con ese planteamiento llama la atención que se dedique un capítulo entero a los sulfitos sin ocuparse de ninguna otra intolerancia no inmunológica, pero la explicación más coherente es que, como el propio documento expone, los mecanismos por los que se produce la intolerancia a los sulfitos no se conocen bien todavía, y por ello no puede descartarse con absoluta certeza la implicación del sistema inmunológico.

El estudio incluye aspectos epidemiológicos, respecto a los cuales manifiesta que, aunque es difícil establecer la prevalencia de alergia a los alimentos debido a la falta de estudios en algunas áreas geográficas y a la variabilidad de metodologías utilizadas en los diferentes estudios existentes, cuando se establece el diagnóstico mediante pruebas de tolerancia o provocación oral la prevalencia estaría en torno a un 3 % si se consideran datos de Europa, Estados Unidos y Australia/Nueva Zelanda, y en torno al 1 % si se consideran exclusivamente los datos europeos.

Incluye también aspectos clínicos, diagnósticos y de manejo de las diferentes situaciones.

Con carácter general, las conclusiones a las que llega sobre los requisitos del etiquetado no son muy diferentes de las que ya se han incorporado a la normativa europea. Señala la necesidad de indicar en la etiqueta la presencia de 14 alérgenos concretos (un requisito que ya es obligatorio, como señalamos en nuestra entrada del 29 de septiembre de este año, y entre los cuales se incluyen los sulfitos… y la lactosa, que, como sabemos, puede dar lugar a reacciones de intolerancia por mecanismos no inmunológicos), y recomienda continuar con la práctica de advertir si el alimento en cuestión podría contener alérgenos de forma no intencionada (una práctica que, por otra parte, si se utiliza con excesiva amplitud, podría restringir innecesariamente el acceso de algunas personas alérgicas a determinados alimentos).

Si quieres acceder al documento completo (en inglés, y con la extensión mencionada), pulsa sobre la imagen:

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“El control de tu vida comienza en la piel”: Día Nacional de la Dermatitis Atópica

Hoy, 27 de noviembre de 2014, la Asociación de Familiares y Pacientes de Dermatitis Atópica (ADEA) celebra el día nacional de esta enfermedad; como suele ser habitual cuando se fija una fecha determinada para reivindicar atención sobre una enfermedad concreta, su objetivo es  fomentar la información y profundizar en la concienciación social sobre las circunstancias que afectan a quienes padecen esta enfermedad y a sus familiares o cuidadores, y en la necesidad de cuidados continuos. Este año, el lema es “El control de tu vida comienza en la piel”, para destacar que sus consecuencias pueden mermar la calidad de vida de los enfermos y allegados.

La Dermatitis Atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se manifiesta con lesiones que provocan mucho picor.  Suele asociarse a una piel seca que se irrita con mucha facilidad (las lesiones características son de tipo eczematoso, por lo que eczema atópico es una expresión frecuentemente utilizada para referirse a la dermatitis atópica), y se produce en el contexto de una atopia, por lo que es frecuente que el paciente o alguno de sus familiares directos padezcan asma, rinitis o conjuntivitis alérgicas. La dermatitis atópica afecta a cerca del 20 % de la población infantil menor de dos años (se trata de la enfermedad crónica de la piel más frecuente en los niños), y aproximadamente a un porcentaje de los adultos que oscila entre el 1 y el 5% . Suele evolucionar en brotes, los cuales duran varios días.

Este año 2014 se ha publicado el estudio epidemiológico llamado DATOP, que presenta una aproximación a diversos aspectos de esta enfermedad desde la perspectiva de los propios pacientes:  los desencadenantes de los brotes, el grado de control percibido, el cumplimiento de las indicaciones médicas y su calidad de vida relacionada con la salud.

Este trabajo destaca como desencadenantes más frecuentes de los brotes de dermatitis atópica aspectos tan cotidianos de la vida como los artículos de perfumería y aseo personal, las prendas de vestir, la presencia de ácaros o polvo en el ambiente doméstico, los cambios bruscos de temperatura y el estrés, e incluso algunos alimentos en casos concretos.

Otro aspecto relevante que aporta este trabajo es la preocupante constatación de que 89 % de los pacientes con dermatitis atópica (o sus cuidadores) se siente impotente ante su enfermedad, y un 70 % se manifiestan cansados y tristes ante el impacto de esta patología en su vida. La afectación cutánea (o el miedo a que ésta se produzca o se agrave) conduce a restricciones de tipo diverso, como la evitación del deporte o del ejercicio, la evitación de situaciones que impliquen la exposición a determinadas temperaturas, la evitación de determinadas prendas o incluso determinados alimentos, y puede provocar también trastornos del sueño, afectación anímica y cambios en el humor.

La mayor parte de los pacientes admiten conocer la enfermedad, y reconocen saber como tratarla; pero, a pesar de ello, la mayor parte de los pacientes admite entrar en una fase de abandono que les lleva a no iniciar con rapidez el tratamiento adecuado ante la presentación de un brote, lo cual hace que la gravedad de la dermatitis empeore.

Por todo ello, parece necesario potenciar la educación de los propios pacientes y sus familiares (con frecuencia, se trata de niños de corta edad, y sus padres son sus cuidadores) sobre la enfermedad y su manejo, para mejorar el grado de control de la misma y, por tanto, la calidad de vida de unos y otros.

Si quieres visitar la página web de la Asociación de Familiares y Pacientes de Dermatitis Atópica (ADEA), pulsa sobre su logotipo:

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