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La Confederación Nacional de Autoescuelas alerta sobre la relación entre alergias respiratorias y accidentes de circulación

La Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) alerta sobre el peligro que pueden representar las alergias respiratorias cuando quien las padece es el conductor de un vehículo.  Los estornudos frecuentes, la distracción que puede suponer la necesidad de sonarse continuamente, el picor ocular o lagrimeo que puede aparecer como síntoma de una conjuntivitis alérgica asociada, los posibles efectos secundarios de algunos medicamentos, … todos estos factores pueden representar un riesgo para la seguridad en la conducción.

“En un segundo (y un simple estornudo puede conllevar más tiempo), un conductor que circula a 100 kilómetros por hora no percibe lo que ocurre en la carretera durante 28 metros”, nos dicen,  “y una serie de estornudos de 2 o 3 segundos de duración puede llegar a dejarle sin visión de la carretera durante casi 100 metros”. Si, además, tomamos en consideración que el conductor puede distraerse brevemente antes de que acontezca el estornudo, y que no recupera su atención plena de forma inmediata una vez finalizado el mismo, podemos entender la seriedad de este simple factor, que aumenta de modo importante cuando se asocia con otros de los que previamente hemos mencionado.

En su comunicado, la CNAE llega a afirmar que entre el 2 y el 5% de los accidentes anuales con heridos guardan relación con las alergias respiratorias, siendo mortales el 2% de ellos: una cifra impresionante.

Otro de los factores relevantes a tener en cuenta es el efecto que determinados medicamentos pueden producir sobre la capacidad de reacción del conductor, muy especialmente los antihistamínicos, que constituyen uno de los grupos de fármacos más utilizados para aliviar los síntomas de la alergia, y algunos de ellos pueden producir somnolencia.

Si quieres leer el documento completo, aquí está el enlace:

http://www.cnae.com/Pagina.aspx?sec=97&det=1306&fecha=0

Sobre los efectos nocivos para la salud de la contaminación atmosférica

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho público recientemente un informe sobre las consecuencias de respirar aire contaminado, donde se ofrecen datos alarmantes: se relaciona la exposición a la polución con siete millones de muertes sólo durante el año 2012, pues está implicada en la génesis o evolución de múltiples enfermedades, como infecciones respiratorias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfermedades cardiovasculares (infartos o ictus, especialmente) y cáncer. La cifra mencionada duplica estimaciones anteriores, supone nada menos que una de cada ocho muertes en todo el mundo, y permite concluir que la contaminación es el factor de riesgo ambiental que, por sí solo, más aumenta los riesgos para la salud.

Si tienes curiosidad por acceder a la información completa, el enlace es éste:
http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2014/air-pollution/es/

No obstante, en este informe se hace referencia a la contaminación química, y no se consideran los efectos que sobre la salud puede tener la contaminación biótica (de la que hablábamos en nuestra entrada anterior), ni se incide en la forma en que los contaminantes químicos pueden incrementar la respuesta alérgica por parte de las personas sensibles.

Se ha observado que las exacerbaciones del asma bronquial pueden desencadenarse por diferentes contaminantes ambientales, y que la respuesta que las personas sensibilizadas muestran frente a los alérgenos presentes en el aire respirado se incrementa en los lugares contaminados. Se ha comprobado también, en relación con lo anterior, que el riesgo de exacerbación asmática se incrementa cuando, en la estación polínica, los pólenes actúan junto con partículas contaminantes de pequeño tamaño (menores de 10 micrómetros de diámetro) presentes en la atmósfera.

Como conclusión de lo referido, podemos aseverar que, si la contaminación es un factor de riesgo ambiental con un significativo potencial nocivo para la salud, las personas alérgicas tienen incluso más motivo para temerle que el resto de la población.